La verdad de la cuestión es que
las necesidades de Europa para los próximos tres o cuatro años en alimentos y
otros productos esenciales procedentes del exterior, principalmente de
América, son tan superiores a su presente capacidad de pago, que tienen
que recibir una ayuda adicional sustancial o enfrentarse con un deterioro
económico, social y político de un carácter muy grave.
El remedio consiste en romper el
círculo vicioso y restaurar la confianza de la gente europea en el futuro
económico de sus propios países y de Europa como un todo. El fabricante y el
granjero a lo largo y ancho de amplias áreas tiene que tener capacidad y
voluntad de cambiar sus productos por monedas cuyo valor continuo no esté
constantemente en cuestión
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