jueves, 18 de julio de 2013

CENTRALISMO BORBONICO: ABOLICION DE FUEROS. DECRETOS DE NUEVA PLANTA

Considerando haber perdido los reinos de Aragón y Valencia y todos sus habitadores por la rebelión que cometieron faltando enteramente al juramento de fidelidad que me hicieron como a su legítimo Rey y Señor, todos los fueros, privilegios, exenciones y libertades que gozaban y que con tan liberal mano se les hablan concedido así por mi como por los señores reyes mis predecesores, particularizándoles en esto de los demás reinos de Aragón y Valencia, pues a la circunstancia de ser comprendidos en los demás que tan legítimamente poseo en esta monarquía se añade ahora la del derecho de la conquista que de ellos han hecho últimamente mis armas con el motivo de su rebelión; y considerando también que uno de los principales atributos de la soberan la es la imposición y derogación de las leyes, las cuales, con la variedad de los tiempos y mudanza de costumbres, poderla Yo alterar aun sin los grandes y fundados motivos y circunstancias que hoy concurren para ello en lo tocante a los de Aragón y Valencia; he juzgado por conveniente, así por esto como por mi deseo de reducir todos mis reinos de España a la uniformidad de unas mismas leyes, usos, costumbres y tribunales, gobernándose igualmente todos por las leyes de Castilla tan loables y plausibles en todo el Universo, abolir y derogar enteramente como desde luego doy por abolidos y derogados todos los referidos fueros y privilegios, prácticas y costumbres hasta aquí I observadas en los referidos reinos de Aragón y Valencia siendo mi voluntad que éstos se reduzcan a las leyes de Castilla y al uso, práctica y forma de gobierno que se tiene y se ha tenido en ella yen sus tribunales, sin diferencia alguna en nada, pudiendo obtener por esta razón igualmente mis fidelísimos vasallos los castellanos, oficios y empleos en Aragón y Valencia de la misma manera que los aragoneses y valencianos han de poder en adelante gozarlos en Castilla sin ninguna distinción, facilitando Yo por este medio a los castellanos motivos para que acrediten de nuevo los afectos de mi gratitud, dispensando en ellos los mayores favores y gracias tan merecidas de su experimentada y acusada fidelidad y dando a los aragoneses y valencianos reciproca e igualmente mayores pruebas de mi benignidad, habilitándoles para lo que no lo estaban en medio de la gran libertad de los fueros de que gozaban antes y ahora quedan abolidos. En cuya consecuencia he resuelto que la audiencia de Ministros que se ha formado para Valencia y la que he mandado se forme para Aragón se gobierne y maneje en todo y por todo como en las dos Chancillerlas de Valladolid y Granada, observando literalmente las mismas reglas, leyes, pactos, ordenanzas y costumbres que se guardan en éstas sin la menor distinción ni diferencia en nada, excepto en las controversias y puntos de jurisdicción eclesiástica y modo de tratarla que en esto ha de observarse la práctica y estilo que hubiese habido hasta aquí en consecuencia de las concordias ajustadas con la Santa Sede Apostólica en que no se debe variar; de cuya resolución he querido participar al Consejo para que lo tenga entendido.

Buen Retiro, a 29 de junio de 1707

Los canarios olvidados de Chalmette

Una comarca habitada por descendientes isleños se queja de no haber recibido ayuda
J. P. VELÁZQUEZ-GAZTELU (ENVIADO ESPECIAL) - Chalmette - 10/09/2005




Los ojos del mundo están puestos sobre la devastada Nueva Orleans, pero una comarca vecina habitada por numerosos descendientes de emigrantes canarios se ha llevado la peor parte del huracán Katrina, al menos en el Estado de Luisiana. Los vecinos de la parroquia de St. Bernard, aún sumergida bajo tres metros de agua dos semanas después del paso del ciclón, afirman que toda la ayuda fue a parar a la gran ciudad y que sólo en los últimos días está empezando a llegar a su zona.
Aunque la cifra oficial de muertos en St. Bernard oscila entre 67 y 70, las autoridades locales temen que hasta 500 personas hayan perecido como consecuencia del paso del huracán. Por su ubicación en el extremo oriental de Luisiana, en una zona de marismas próxima a la costa del golfo de México, la parroquia ha sido siempre muy vulnerable a los tifones.
"Los días posteriores al huracán fueron un infierno", recuerda el presidente de la parroquia, Henry Junior Rodríguez, desde su puesto de coordinador de la ayuda a las víctimas, instalado en las oficinas de la refinería que la petrolera Exxon-Mobil tiene en Chalmette, la principal ciudad de la zona. "Tuvimos que sacar a casi 10.000 personas en barcos particulares", señala. En un asilo cercano a Chalmette se encontraron esta semana 32 cadáveres de ancianos que murieron ahogados tras ser abandonados por sus cuidadores.
La máxima autoridad local ha pedido a la población que no intente regresar por ahora a St. Bernard ante el peligro de epidemias. Y ante el caos reinante en la vecina Nueva Orleans, el sheriff, Jack A. Stephens, ha prohibido terminantemente a los vecinos acercarse a sus casas. "La ciudad de Nueva Orleans parece sumida en un estado de insurrección, y no permitiré que éste se contagie a la parroquia de St. Bernard", advierte el jefe policial. "Cualquiera que se salte un control de seguridad se arriesga a recibir un castigo severo, incluyendo un disparo".
Como Rodríguez y Stephens, muchos de los habitantes de St. Bernard son descendientes de canarios que se establecieron en las marismas de la desembocadura del río Misisipi a finales del siglo XVIII. Conocidos como isleños, algunos hablan todavía un español arcaico plagado de voces canarias y celebran su herencia con festivales en los que no faltan la música y la comida españolas. Una sociedad, Los Isleños Heritage and Cultural Society (www.losislenos.org) mantiene viva la tradición y gestiona un museo que ha resultado muy dañado por el huracán. La parroquia, que cuenta con unos 65.000 habitantes, fue bautizada en honor de Bernardo de Gálvez, primer gobernador español de Luisiana. En su día, la mayor parte de sus habitantes se dedicó a la pesca, pero las refinerías de petróleo son actualmente la principal fuente de trabajo.
En los días posteriores al paso del Katrina, quienes desoyeron la llamada a la evacuación lograron sobrevivir subiéndose a los tejados de las casas, acosados por la rápida subida del nivel de las aguas. Ken Winters, que dirige la pequeña emisora de televisión local, relata que uno de sus vecinos, con el agua al cuello en el ático de su casa y el cadáver de su esposa flotando a su alrededor, se salvó abriendo un agujero en el techo de un puñetazo. "Hay una sensación de enorme frustración entre la gente por lo tarde que llegó la ayuda", explica Winters. "Tuvimos que ayudarnos a nosotros mismos". Por si fuera poco, una refinería local vertió 58.000 barriles de petróleo durante el paso del Katrina, y sus empleados tratan a duras penas de limpiar la mancha.
En Chalmette, las calles que no están inundadas están cubiertas por una espesa capa de barro. Sólo se ven patrullas de la Guardia Nacional llegadas de otros Estados del país para encargarse de la seguridad. En la carretera principal de acceso a la ciudad, junto a un puerto pesquero devastado por el huracán, el hotel Econo Lodge muestra sólo un esqueleto de madera. Del restaurante Lucky Bayou, especializado en marisco de la zona, queda sólo un cartel que en su día debió ser luminoso. Más suerte ha corrido Planet X, un comercio de material para adultos, que sólo ha perdido parte del techo.
Henry junior Rodríguez calcula que se tardará unas tres semanas en habilitar las infraestructuras básicas para que los habitantes de St. Bernard puedan volver a sus casas y recoger algunos enseres. Luego tendrán que marcharse de nuevo. El regreso definitivo, explica, tendrá que hacerse por etapas. ¿Cuándo? "Es imposible decirlo".
Rodríguez, un hombre voluminoso de unos 65 años, mata espesa de pelo blanco y pobladas cejas negras, dirige las operaciones agarrado a un bastón de mando que realza su porte autoritario. Viste un polo azul celeste con el emblema de la parroquia, vaqueros atados con un cinturón de piel de cocodrilo y botas camperas de punta fina. Sin levantarse de la silla, todo al mismo tiempo, da órdenes a sus colaboradores, habla con la prensa y toma todas las decisiones, por pequeñas que sean. "Reconstruiremos St. Bernard", afirma convencido. "Aquí hay dos refinerías muy importantes, y va en el interés nacional que así sea".
 Fuente: 20 minutos

Los Isleños de Luisiana:

Documentos de la época, actas notariales, Actas del Cabildo, algunos mapas, informes de los servicios de inteligencia británicos, retratos de gobernantes como Ulloa, Miró y Alejandro O'Reilly, o información abundante sobre la sociedad y la economía local, la escalvitud, y la vida cotidiana en las plantaciones, han contribuido a divulgar, con gran exactitud, la historia de la presencia hispana en el territorio que abarca prácticamente todo el Valle del Mississippi; presencia que, de modo paralelo, tiene un reflejo en la vida cotidiana de la ciudad, ya que, en la mayoría de las calles del casco antiguo, nos encontramos con rótulos de cerámica que dicen "Cuando Nueva Orleans era capital de la provincia española de Luisiana (1762-1803) este lugar se llamaba "calle Real", o "del Muelle", o de "San Pedro", entre otras muchas, hasta llegar a la Plaza de Armas, muy cerca del río y a la vista del moderno edificio del World Trade Center, donde figuran los escudos de las cincuenta provincias españolas. Sin embargo, la presencia hispana en Nueva Orleans, durante los últimos ciento noventa años, no sólo se ha recordado a través de muestras efímeras, de contactos eventuales, de rótulos callejeros, sino que ha estado muy viva en el seno de una comunidad que nunca olvidó a sus ancestros, ni su lengua, ni su procedencia, por la que siempre han sido identificados, "los isleños", los descendientes de emigrantes canarios del siglo XVIII, habitantes de la isla Delacroix, de la Parroquia de San Bernardo.
    "En los siglos XVII y XVIII los isleños ya no van a sustituir a una población que ha desaparecido; emigran con otra finalidad: como fundadores de nuevos pueblos y ciudades..., o bien para evitar el avance humano y político de países extranjeros infiltrados dentro de posesiones españolas. Y así Santo Domingo, Puerto Rico, Texas, Luisiana, Campeche, Cumaná, ven engrosadas sus respectivas poblaciones con individuos procedentes de las Islas Canarias". (Julio Herrera García)
Una muestra exacta de estas "nuevas finalidades" la dan los canarios que, en los últimos años del siglo XVIII, se asentaron en las tierras más húmedas, agrestes e indómitas de las marismas del Mississippi, a unos 25 kilómetros de Nueva Orleans, ciudad fundada por los franceses en 1718. El español Hernando de Soto fue el primer europeo que exploró las tierras de la Luisiana en 1541, pero Robert Cavelier de la Salle sería quien las reclamara para Francia en 1682, por lo que formaron parte de sus posesiones en América hasta que, por la firma de París, el 10 de febrero de 1763, pasan a ser provincia española durante cuarenta años. En 1802 Napoleón lo vende a los Estados Unidos por ochenta millones de francos. Hoy los rasgos culturales franceses y españoles configuran la idiosincrasia de la cuna del jazz y de los más célebres carnavales de toda Norteamérica. España nombra en 1777, gobernador del territorio al inquieto coronel del regimiento de Luisiana Bernardo de Gálvez, que, tanto para colonizar y constituir nuevos asentamientos, como para evitar la preeminencia de habitantes procedentes de otros países, propicia una importante etapa de inmigraciones hacia la Luisiana que, según narra Charles Gayarré en su Historia de Luisiana, "recibió entonces un aumento de su población con la llegada de gran número de familias llevadas a Luisiana desde las Islas Canarias a expensas del rey. Algunas de ellas se establecieron en Terre aux Boeufs, una parte del territorio que hoy queda comprendido dentro de la Parroquia de San Bernardo".
Los pobladores canarios, desde su llegada entre 1778 y 1783, se establecieron, en gran mayoría , en el lugar llamado Isla Delacroix, que toma su nombre de la condesa de Saua de la Croix, de París, que, como recoge Roger Baudier en su libro La Iglesia Católica en Luisiana, cedió allí en 1874 unos terrenos adecuados para la edificación de una escuela y de una iglesia. Durante años la ocupación principal de los "isleños" ha sido la caza y la pesca, en especial de un cangrejo de río, por ellos denominados "jaiba", labor que se realiza en condiciones muy duras, perpetuada en las estrofas de unas famosas décimas, La vida de un jaibero, hoy cantada por el conocido decimista Irvan Pérez, que, junto con su hermano Alfred, recopilan los últimos vestigios que quedan de las décimas tradicionales, de ancianos como Chelito Campos, que a sus noventa y cuatro años aún canta durante las reuniones familiares, y difunden la historia de su comunidad, a la que se dedican las décimas "Setecientos setenta y siete / varias familias dejaron las Islas Canarias", y que participaron, en diciembre de 1992, en un congreso de decimistas organizado por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, bajo la dirección del profesor Dr. Maximiano Trapero. Si el fenómeno de la conservación del español, lleno de arcaísmos propios de Canarias en el s.XVIII, se debe en gran medida al aislamiento en que vivió esta comunidad hasta casi la II Guerra Mundial, por lo que es exclusivamente una lengua familiar y oral, esto permitió también mantener unos lazos estrechos que hoy confluyen en unas relaciones sólidas, basadas en el sentimiento de identidad que les agrupa, y cuyo exponente oficial es la dinámica asociación "Herencia & Cultura Sociedad de los isleños de San Bernardo", de la que han sido sus últimos e inquietos presidentes Alfred Pérez y Lairy Teror. Y es que, como afirma Gilbert C. Din en su libro "The Canary islanders of Luisiana", "los isleños permanecieron muy aislados del centro cultural de Luisiana", a lo que se une el que "los pocos cientos de Isleños Canarios llevados a Luisiana por los Gobernadores españoles en el s. XVIII provenían de un grupo de islas que, aunque ostensiblemente españolas, habían desarrollado sus propias pautas culturales y tradicionales", lo que se reflejó enseguida en el desarrollo de aquella comunidad aislada en el territorio de la Parroquia de San Bernardo.
El museo de los isleños:
El museo de los isleños, enclavado en un bello paraje de reserva forestal, se construyó gracias a que una descendiente de isleños donó los terrenos y sufraga los gastos de mantenimiento, aunque el personal que lo atiende corre a cargo del gobierno americano. Abierto al público hace ya algunos años, fue inaugurado oficialmente el 17 de febrero de 1991, con motivo de la visita de una delegación del Gobierno Autónomo de Canarias, presidido por el entonces Vicepresidente Exmo. Sr. D. Vicente Alvarez Pedreira, que estableció los primeros contactos oficiales con esta comunidad canaria en el exterior. Las encargadas del museo, Elina Alfonso y Antonia González Martínez, recibieron con este motivo numerosos objetos y recuerdos, que hoy engrosan los fondos del que, sin duda, es ya un monumento sugestivo a la memoria de estos canarios de América. Entre los numerosos descendientes de canarios y sus familias que asistieron a los actos de este reencuentro oficial con las autoridades de unas islas que ellos nunca han dejado de considerar suyas, se encontraban personalidades como el presidente del Senado del Estado de Louisiana Samión Núñez, el Sheriff Jack A. Stephen o el Vicepresidente de St. Bernard Henry Rodríguez, todos descendientes de isleños. Hay que tener en cuenta, según expone en su libro el profesor Din, que "si bien ellos son un pueblo que ha permanecido largamente desconocido tanto dentro como fuera de Luisiana, los Isleños constituyen una parte considerable de la población actual del estado con apellido español". En el almuerzo, ofrecido por la sociedad "Los Isleños", en la sede social de St.Bernard Parish Coastal Complex, vino la sorpresa, pues entre las viandas típicas de la comunidad que se sirvieron, aparte de los ya mencionados cangrejos o "jaibas", aparecieron el potaje de verduras y las papas arrugadas, tal como las preparan desde la llegada de sus antepasados a Nueva Orleans. Los descendientes de aquellos canarios del s.XVIII se han integrado ya perfectamente en su patria americana, lo que sin embargo no les ha impedido seguir considerándose canarios, "isleños", por todos los lazos de sangre , culturales y familiares que siempre han salvaguardado. No se equivocaba José de Viera y Clavijo cuando se atrevía a afirmar que "han pasado y pasa para algunos las islas de Canaria por región de América, y por indianos sus habitantes". Cuando en muchos otros países y localidades americanas, donde la emigración canaria ha sido una constante hasta hace unos pocos años, se habla ya de que el futuro de la presencia isleña, de sus comunidades, de sus tradiciones, de su folklore, pasa por que los jóvenes descendientes de los isleños no pierdan el sentimiento y la sensibilidad canaria, que hasta ahora aportaban las continuas remesas de contingentes de emigrantes, a pesar de su integración en el país de acogida, podemos ofrecerles el bellísimo ejemplo de la comunidad de "los Isleños" de San Bernardo, que, muy por encima de cualquier obstáculo material o espiritual, han querido y han sabido mantener su identidad canaria, lo que a ellos les enorgullece y, ante los demás, los ennoblece. (Juan José Laforet)

EMIGRANTES DE ALHAURÍN DE LA TORRE FUNDARON UNA CIUDAD EN LUISIANA EN 1778

Hace meses tuvimos un contacto por Internet con una señora americana que afirmó ser descendiente de emigrantes de Alhaurín de la Torre que se establecieron en Luisiana a finales del siglo XVIII. Ahora tenemos más datos para confirmar la noticia. Norman F. Carnahan, profesor de la Universidad de Rice en Texas, Estados Unidos, y descendiente también de estos alhaurinos, nos ha facilitado una extraordinaria información que confirma que el 1 de junio de 1778, un grupo de malagueños, la mayoría de Alhaurín de la Torre, zarpó en el bergantín San José con destino a Nueva Orleáns para formar parte del contingente de los 700 colonos malagueños y canarios llamados por el gobernador Bernardo de Gálvez para hispanizar el territorio de Nueva Orleáns, que había pertenecido a los franceses hasta unos años antes.

Los torrealhaurinos, entre los que podemos confirmar se encontraban familias apellidadas Segura, de Prados, Manuel, Hernández, Garrido, López, González, Romero, Gómez y Villatoro, llegaron a Nueva Orleáns el 11 de noviembre de 1778 tras un penoso viaje con escalas en Cádiz y La Habana. Tras su desembarco tuvieron que esperar trámites de varios meses  hasta poder partir hacia el oeste de la ciudad, donde fundaron a comienzos de 1779 la ciudad que llamaron NUEVA IBERIA
Nueva Iberia está en la entonces región india de Attapakas, hoy parroquia de Iberia, condado de Cajun, perteneciente al estado norteamericano de Luisiana, y es la única ciudad fundada por los españoles en este estado americano.

Los vecinos de Alhaurín de la Torre que se atrevieron a tan arriesgado viaje, debían firmar un contrato con el gobierno antes de partir, que les garantizaba pagar su manutención hasta llegar a su destino, así como construirles una casa, asignarle tierras, proveerles con aperos de labranza, pagarles la primera siembra y suministrarles todas las necesidades hasta recoger la primera cosecha, manteniendo los bienes recibidos en propiedad para sí y sus descendientes.


 José Manuel de Molina y Federico Ortega, 15 de julio de 2000

EL CONTRATO SOCIAL

“Por tanto, si se aparta del pacto social lo que no pertenece a su esencia, encontraremos que se reduce a los términos siguientes: cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general; y nosotros recibimos corporativamente a cada miembro como parte indivisible del todo (...).
No siendo la soberanía más que el ejercicio de la voluntad general, jamás puede enajenarse, y el Soberano, que no es más que un ser colectivo, no puede ser representado más que por sí mismo (...).
¿Qué es, pues, el gobierno? Un cuerpo intermediario establecido entre los súbditos y el Soberano para su mutua correspondencia (...) De suerte que en el instante en que el gobierno usurpa la soberanía, el pacto social queda roto, y todos los simples ciudadanos, vueltos de derecho a su libertad natural, son forzados, pero no obligados, a obedecer. (...)
La soberanía no puede estar representada, por la misma razón por la que no puede ser enajenada; consiste esencialmente en la voluntad general, y la voluntad no se representa; es la misma o es otra; no hay término medio. Los diputados del pueblo no son, pues, ni pueden ser sus representantes, no son más que sus mandatarios; no pueden concluir nada definitivamente. Toda ley no ratificada por el pueblo en persona es nula; no es una ley. El pueblo inglés cree ser libre, y se engaña mucho; no lo es sino durante la elección de los miembros del Parlamento; desde el momento en que éstos son elegidos, el pueblo ya es esclavo, no es nada.”

Jean-Jacques Rousseau. El Contrato Social. 1762.

CARTAS FILOSÓFICAS

“La nación inglesa es la única sobre la tierra que ha conseguido regular el poder de los reyes enfrentándose a ellos y que, con constantes esfuerzos, ha podido finalmente establecer un sabio gobierno en el que el príncipe, todopoderoso para hacer el bien, está limitado para hacer el mal; en el que los señores son grandes sin insolencia y sin vasallos; y en el que el pueblo comparte el gobierno sin desorden. La Cámara de los Pares (de los Lores) y la de los Comunes son los árbitros de la nación, y el rey es el árbitro supremo. No ha sido fácil establecer la libertad en Inglaterra; el ídolo del poder despótico ha sido ahogado en sangre, pero los ingleses creen no haber pagado demasiado por sus leyes. Las demás naciones no han derramado menos sangre que ellos, pero esta sangre que han vertido por la causa de su libertad no ha hecho más que cimentar su servidumbre.”

Voltaire. Cartas filosóficas. 1734

EL ESPÍRITU DE LAS LEYES

“En cada Estado hay tres clases de poderes: el legislativo, el ejecutivo de las cosas pertenecientes al derecho de gentes, y el ejecutivo de las que pertenecen al civil.
Por el primero, el príncipe o el magistrado hace las leyes para cierto tiempo o para siempre, y corrige o deroga las que están hechas. Por el segundo, hace la paz o la guerra, envía o recibe embajadores, establece la seguridad y previene las invasiones; y por el tercero, castiga los crímenes o decide las contiendas de los particulares. Este último se llamará poder judicial; y el otro, simplemente, poder ejecutivo del Estado (...).
Cuando los poderes legislativo y ejecutivo se hallan reunidos en una misma persona o corporación, entonces no hay libertad, porque es de temer que el monarca o el senado hagan leyes tiránicas para ejecutarlas del mismo modo.
Así sucede también cuando el poder judicial no está separado del poder legislativo y del ejecutivo. Estando unido al primero, el imperio sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, por ser uno mismo el juez y el legislador y, estando unido al segundo, sería tiránico, por cuanto gozaría el juez de la fuerza misma que un agresor.
En el Estado en que un hombre solo, o una sola corporación de próceres, o de nobles, o del pueblo administrase los tres poderes, y tuviese la facultad de hacer las leyes, de ejecutar las resoluciones públicas y de juzgar los crímenes y contiendas de los particulares, todo se perdería enteramente.”

Montesquieu. El espíritu de las leyes. 1748.